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  A los que llevamos toda la vida arreglando cacharros, montando redes y apagando fuegos informáticos nos pasa una cosa muy curiosa: como nos pasamos el día viendo dónde fallan las empresas, de vez en cuando se nos enciende la bombilla. Un día estás en el taller o delante del ordenador, detectas un agujero negro en la gestión del día a día y piensas: "Oye ¿y si hago yo un programa que solucione esta historia sin tener que pasar por las dieciocho pantallas absurdas de los programas de siempre?" . Te lías la manta a la cabeza. Echas horas cuando cierras la persiana, tiras de código, de bases de datos, de las herramientas que haga falta y de cabezonería pura. Lo pruebas, falla, lo corriges, le pones hasta un icono apañado y...  funciona. Resuelve una necesidad real, va como un tiro y no pide un máster en ingeniería aeroespacial para darle a tres botones. Te sientas en la silla, miras el monitor con orgullo de padre primerizo y te dices: "Con esto me forro. O ...

El enemigo en casa (o cómo vender perdiendo dinero)

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Llevo ya unos cuantos años en esto, los suficientes como para acordarme de cuando el canal de distribución tenía un orden lógico. El fabricante fabricaba, el mayorista movía volumen a las tiendas, y estas, daban la cara con el cliente final. Cada uno tenía su trozo del pastel, su margen, y aquí paz y después gloria. Pero de mucho tiempo a esta parte, la cosa se ha convertido en un chiste de mal gusto. Y de los que no hacen ninguna gracia. Sirva esto de introducción para lo que nos pasa prácticamente a diario en la tienda. Te entra un cliente —o te escribe por WhatsApp, para mi desgracia— pidiéndote presupuesto para un portátil, un monitor o un disco SSD. Nada del otro mundo. Entras en la web de tu mayorista de confianza (ese que te exige un volumen mínimo anual, que te cobra portes si no llegas a cierta cifra y que te fríe a correos con "ofertas exclusivas para el canal"), buscas la referencia y haces tus números. Coges el precio de coste, le sumas el IVA, el canon digital de...

ControversIA

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He de admitirlo: siento mucha curiosidad por todas las novedades en torno a la IA: los modelos, sus capacidades, lo que ya hacen y lo que está por venir. Y todo ello porque considero que son de gran ayuda para las tareas que realizamos, no solo en nuestro día a día laboral, sino también en el personal. Pero aquí he venido a hablar de mi trabajo. En mi empresa actual somos menos de cinco personas y nos repartimos las tareas como podemos. Somos «personas orquesta»: tocamos casi todos los instrumentos y la IA nos ayuda a afinar y a tocarlos todos con sentido. Yo no tengo habilidades ni conocimientos de diseño gráfico, pero la IA me permite mantener, con coherencia, una línea estructurada y continua en la publicidad, los correos y la imagen general de la empresa. Tampoco soy capaz de escribir una sola línea de código, pero hemos resuelto problemas de clientes mediante pequeñas aplicaciones que solventan sus necesidades, creadas, lógicamente, con IA. Incluso para nosotros mismos hemos «crea...

Whatsapp

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He de decir que soy el peor usuario de Whatsapp que os podéis imaginar. Soy ese al que le escribes, te responde una vez o dos y la tercera, desaparezco. Muchas veces, porque mi cabeza está en cosas o de más valor o de más importancia personal. Otras, simplemente porque creo que se responden solas con la primera o segunda respuesta. Pero no digo nada más en la mayoría de los casos y eso lógicamente casi siempre me perjudica a la larga. No, no soy borde. No soy buen usuario de Whatsapp. Antes me llamaban o venían a la tienda/empresa/dondeyolechesestuviera a preguntarme tal o cual o a pedirme lo que sea. Ahora, me lo dejan escrito por Whatsapp. Y según qué, me da pereza. A veces es de mi trabajo pero no puedo evitar que me de pereza. Porque entiendo que es normal preguntar lo que necesitas, lo que dudas. Pero hay quien, empieza por la pregunta 1ª y ya con la 3ª sé que si es trabajo, no quiere pagarlo y si es personal, me va a costar un favor. Yo les mando audios. Paso de escribir. Algunos...

Lo barato siempre sale caro

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Puedo entender perfectamente que veamos como sencillo aquello que nos explican en un vídeo de YouTube. Lo resuelven en pocos pasos y sin el menor contratiempo. También comprendo que, al acudir a un profesional, sumar la mano de obra y el coste actual de las piezas puede parecer "caro". El problema es que, a veces, no vemos más allá de la cifra final del presupuesto, y ahí es donde empiezan los dolores de cabeza. Pongamos un ejemplo real. Nos llega para reparación un iMac de 2013 (unos equipos que funcionan perfectamente a día de hoy, pero eso da para otra entrada). El ordenador no llega a cargar el sistema; se queda congelado en el arranque. El cliente nos cuenta que hace un año lo llevó a otra empresa —que cerró al poco tiempo— para que le cambiaran el disco por un SSD. La trampa del pegamento no oficial Abrir un iMac, en el que todo el frontal es pantalla, tiene su aquel. En principio la técnica es sencilla: introducir una herramienta en la junta de cristal con el metal e i...

No toques, ¿para qué tocas?

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Hay clientes que por histórico, ya sabes que vas a tener algún problema con él. En este caso, nos llega a taller medio desesperado porque su PC no responde. Que tiene información de la empresa y que la necesita urgente no, lo siguiente. Este cliente es de los que buscan que le saquemos las castañas del fuego y luego quiere el menor coste de reparación. Todo lo que pase de 30 euros le parece un robo. Revisamos el PC y veo un descontrol en la gestión del cableado importante. Además de confirmar que los conectores de caja a placa no estan correctamente colocados, uno de los motivos por los que no enciende. Coloco los cables en posición correcta y no enciende. La pregunta obvia: - ¿Que le has hecho? - Limpiarlo por dentro. Como no podia hacerlo bien, le desconecté los cables y los volvi a colocar tal cual. Y de paso, le he cambiado la pasta térmica. Susto. Si se ha equivocado con los cables, a ver el desastre de la pasta. Retiro el disipador y parece que ha untado la pasta como si fuera ma...

El valor evaluable

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Es curioso como las magnitudes del valor nos afectan según el importe del mismo. Explico mi galimatias de palabras: Con magnitudes del valor me refiero a aquellos parametros que dan valor a un objeto o servicio. La importancia por reconocimiento de marca, la exclusividad del mismo o la escasez   son parametros que nos hacen cambiar nuestra percepción de lo valiosas que son ciertas cosas. Sirva esto de introducción para el caso que quiero contaros. Equipo que nos traen con el disco duro en las últimas, dando fallos de lectura y con ficheros perdidos / dañados. La información para el cliente vital. Lo tipico de un usuario, fotos y videos que son recuerdos importantisimos. Tiene que recuperarse si o si. Le comenté que dependiamos de que el software de recuperación hiciera su trabajo, que si necesitaba algo mas profesional hay empresas que se dedican a ello especialmente y que hacen una labor excelente, pero el coste no era económico. Insistió en la importancia de la recuperación de ...